lunes, 12 de octubre de 2026

Mi abuela Gloria: recuerdos, ausencias y preguntas sin respuesta

 


Hay personas que forman parte de nuestra infancia de una manera tan profunda que, aunque pasen los años, siguen viviendo en nosotros.


Cuando pienso en mi infancia, uno de los recuerdos más presentes es el de mi abuela Gloria. Según me han contado, pasé con ella mis primeros siete u ocho años de vida. De aquella etapa no conservo todos los recuerdos, pero sí pequeños detalles que han permanecido conmigo a lo largo del tiempo.


Recuerdo que dormía con ella y que su casa era un lugar agradable para mí. En la cocina había una alacena verde donde guardaba chocolate Pedro Mayo, uno de mis favoritos, tanto entonces como ahora. A veces me lo daba ella y otras lo cogía a escondidas.


También recuerdo haberme probado unos patines y haberme dado un golpe en la frente. Son imágenes sencillas, quizá insignificantes para otras personas, pero que para mí tienen un valor especial porque pertenecen a una época de mi vida que intento reconstruir a través de lo que recuerdo.


Hay costumbres que incluso hoy siguen acompañándome, como comerme el cuscurro del pan y coger la miga. A veces, los detalles más pequeños son los que mejor nos conectan con quienes fuimos.


La separación que nunca llegué a comprender


Mi infancia también está marcada por una historia que me contaron mis familiares, aunque nunca he sabido con certeza cuánto hay de verdad en ella.


Según esa versión, cuando yo tenía unos siete u ocho años, mi abuela estaba intentando conseguir los papeles para poder quedarse conmigo y tener mi custodia. Mientras realizaba esas gestiones, supuestamente me llevaron del colegio.


No recuerdo aquel momento. No sé exactamente qué ocurrió, cómo sucedieron las cosas ni cuáles fueron las circunstancias reales de nuestra separación. Es una historia que me llegó a través de otras personas y que, con el paso de los años, me ha dejado muchas preguntas.


Nunca pude hablarlo con mi abuela Gloria. No tuve la oportunidad de escuchar su versión, de preguntarle qué pasó ni de conocer cómo vivió ella aquellos acontecimientos.


Y esa es una de las partes de mi historia que siguen sin respuesta.


Lo que sí sé es que fui feliz a su lado. Por eso, cuando pienso en que me separaron de ella, siento que perdí algo más que la compañía de mi abuela. Sentí como si una gran parte de mí se muriera.


Quizá entonces era demasiado pequeña para comprender lo que estaba sucediendo. Hoy tampoco tengo todas las respuestas, pero puedo reconocer lo importante que fue para mí aquella etapa.


Una despedida que nunca imaginé


Hace casi dieciocho años, mi abuela Gloria falleció después de ser atropellada por un coche en un paso de cebra. No murió en el acto; permaneció con vida entre diez y quince días, aproximadamente, antes de fallecer.


Su muerte fue una pérdida que ya no me permitió resolver aquellas dudas. Las preguntas que nunca pude hacerle quedaron suspendidas en el tiempo, sin posibilidad de escuchar su respuesta.


A veces pienso en lo que me habría gustado saber de su propia voz. Me habría gustado conocer su versión de mi infancia, comprender mejor nuestra separación y descubrir cómo recordaba ella aquellos años que compartimos.


Pero la vida no siempre nos permite cerrar todas las historias.


Aprender a convivir con lo que no sé


Hoy intento mirar mi infancia con honestidad. Hay recuerdos que son míos, otros que me han contado y muchos detalles que desconozco. No quiero inventar respuestas ni dar por cierto aquello que no puedo confirmar.


Quiero contar mi historia tal como la conozco, con sus momentos felices, sus ausencias y sus interrogantes.


Mi abuela Gloria forma parte de ella. Está en el recuerdo de aquella cocina verde, en el chocolate que todavía me gusta y en las pequeñas costumbres que me acompañan desde niña.


No sé si algún día llegaré a comprender todo lo que ocurrió. Quizá haya preguntas que nunca pueda responder. Pero escribir sobre ellas me permite acercarme a esa niña que fui y dar espacio a una parte de mi vida que durante mucho tiempo ha permanecido llena de incógnitas.


No puedo volver atrás, ni preguntarle a mi abuela aquello que nunca llegué a preguntarle. Lo que sí puedo hacer es conservar los recuerdos que tengo y darles un lugar en estas páginas.


Porque mi historia no está hecha únicamente de lo que recuerdo con claridad. También está formada por aquello que intento comprender y por las preguntas que todavía me acompañan.


Y entre todas esas piezas, hay una certeza que permanece: fui feliz junto a mi abuela Gloria, y ese recuerdo seguirá formando parte de mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario